La tarde era perfecta,
el sol brillaba en so mejor esplendor y las olas del mar acariciaban mis pies
con su rítmico vaivén. Yo estaba sentado en la arena cuando la vi, era bella,
hermosa, sin lugar a dudas era la mujer más linda que mis ojos habían visto; su
cuerpo era perfecto, el color de su piel era canela y sus ojos tenían la
profundidad del mar.
La vi y la dejé pasar,
no le dije nada, se veía un poco tímida... y sé que en ese instante me enamoré.
Volví a la playa al
siguiente día con la ilusión de volverla a ver, me senté en el mismo lugar y
esperé... y como si hubiera una cita programada, allí estaba ella, a la misma
hora, pero yo solo la veía pasar a tanta la emoción que en mí despertaba que
quedaba mudo solo al verla; .solamente) en silencio dejaba que se fuera, hasta
perderla en la distancia.
"No podía dejarla pasar esta vez",
pensé mientras la esperaba sentado en el mismo lugar por tercera vez; no podía
creerlo, el destino me estaba dando una tercera oportunidad y tal vez la última...
la abordé, le pedí disculpas por mí abuso de confianza, pues le hice saber que
la estaba esperando para conocerla y e pedi que por favor me dejara
acompañarla, ella sonrió y me dijo que sí.
Empezamos a caminar por
toda la playa y le pregunté quién era y de donde venía, pero ella solo me
miraba; y es que tantos aftas viviendo junto al mar y solo hasta ahora la veía,
ella no decía nada, entonces le hable de mí, de mis cosas, caminamos, ella no
decía nada, entonces era yo el que hablaba... un instante después se detuvo y
me preguntó que si podía verme al día siguiente en el mismo lugar y a la misma
hora y yo tartamudeando le dije que no fallaría a la mejor cita de mi vida; me
besó en la mejilla y se alejó caminando por la playa hasta que la perdí de
vista.
Al siguiente día allí
estaba, sentada junto a mí y me dijo "hace
mucho tiempo te conozco, sé que te gusta este lugar, siempre te estaba viendo
sin que lo supieras, siempre quise conocerte pero no me atrevía, te veía muy
lejos de mí, pero decidí dejarme ver y pasé cerca de ti con la esperanza de que
me hablaras y casi pierdo la fe pues había decidido que ayer sería el último
día en que pasaría por este lugar. "
Al escuchar semejante
confesión, no podía más (que ser el hombre más afortunado sobre el planeta. Los
siguientes días no tuvieron comparación, yo había encontrado el amor puro, el
amor perfecto; las citas eran aquí en la playa, frente a un quiosquito de
ventas llamado "El Turista", fue allí donde empecé a descubrir los
momentos más lindos del amor. Ella
siempre me dejaba al atardecer y se alejaba de la playa hasta perderla de
Vista.
"Hoy es nuestra
última cita", fueron las palabras que le escuché decir, se veía triste, no
me decía nada, sus lágrimas le caían por su mejilla diciéndome que jamás me
olvidaría, "no me preguntes nada, solo abrázame que me voy para
siempre"... y le rogaba que me
contara cuál era su problema, tal vez yo podía
ayudarla pero que por favor no me dejara no ahora que había encontrado
el amor de mi vida, pero solo tenía su silencio como respuesta.
Hasta que llegó la
noche adornada de una luna que marcaba nuestra despedida.
Me pidió que no
intentara detenerla y que no la siguiera pues a donde ella iba, tenía que ir
sola. Me besó con sus labios cálidos y húmedos, aquellos a los que
nunca volvería a besar
y se fue, caminando por la playa ...
Pero yo no podía
dejarla ir, no sin saber a dónde iría, para tener la esperanza de encontrarla
algún día. La dejé y la tuve a una distancia pendiente para que no me viera,
mientras caminaba a la orilla de la playa.
De pronto se detuvo
frente al mar y a la distancia vi como la luna reflejaba una chispa de luz de
una lagrima que caía por su mejilla; empezó a caminar suave pero decididamente
hacia el mar adentro, hacia lo profundo de la playa; se fue hundiendo paulatinamente
a cada paso que daba hasta perderla de vista por completo. El impacto que
produjo el pánico en mi cuerpo me dejó petrificado, no podía imaginar que
problema tan grave le estuviese torturando que ni siquiera mi amor era capaz decambiar
su decisión de quitarse la vida.
Yo estaba tan lejos,
que no alcancé a llegar a tiempo para evitar su locura, entré
al agua, la busqué por
todos lados, quería pedir ayuda pero la playa estaba sola,
y casi me volvía loco,
me sumergía una y otra vez en un afán inútil por encontrarla.., ya había pasado
algún tiempo sin que tuviera de ella alguna señal de vida, me senté en la arena
con un ahogo en el pecho y con la angustia y las lágrimas de no haber podido
salvar a la mujer de mi vida, el amor de mi vida ...
Sin pensarlo me puse de
pie frente al mar, en el mismo lugar donde lo había hecho ella y empecé a
caminar suave pero decididamente hacia el mar, hacia lo profundo de la playa,
pues tenía que encontrarla, no en lo profundo de las aguas, sino en el cielo,
en la otra vida. No tenía miedo de morir, pues no podría vivir sin ella.
En ningún momento
vacilé y me adentré en las aguas que despiadadamente me quitarían la vida.

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