Oleo de Tito Salas "Santa Marta"
Eran casi las siete de
la noche. Todos en San Pedro estaban esperando su llegada. Jadeante y muy
enfermo, fue bajado del Bergantín Nacional llamado "Manuel", En
hombros, por no poderse sostener en pie.
El Dr. REVEREND lo
esperaba impacientemente, ya llevaban algunas horas de retraso y él sabía que
esa demora podría agravar más su condición de enfermo.
El estado en que se
encontraba el paciente era deplorable, según aparece escrito en el Boletín
médico que el doctor hizo a su llegada: "Cuerpo muy flaco y extenuado; el
semblante adolorido y una inquietud de ánimo constante.
La voz ronca, una tos
profunda con esputos viscosos y de color verdoso. El pulso igual, pero
comprimido. La digestión laboriosa. Las
frecuentes impresiones del paciente indicaban padecimientos morales.
La enfermedad parecía
ser grave, tal vez (ese tal vez era un algo seguro que el doctor quería negarse
a creer) era un problema severo de los bronquios; solo se le dio de momento un
elixir pectoral, mientras se acomodaban de la llegada de tan largo viaje.
Las noches siguientes
con sus propios días fueron muy complicados desvelos que se alargaban hasta
altas horas de la madrugada, tos repetitiva, y síntomas que hacían pensar
definitivamente en un catarro pulmonar crónico; conclusión a la que había llegado el Dr., en concordancia
con un colega norteamericano llamado Dr. M. Night, excelente cirujano que se
encontraba por esos días de visita en la ciudad. Estos dos excelentes galenos
conferenciaron sobre un posible método curativo que mezclaba remedios
pectorales con narcóticos y expectorantes, con algunas dosis de Sulfato de
Quinina para entonar el estómago y por alimentos pollo, caldos y masas de sagú.
Sin embargo el paciente
no daba signos de mejoría alguna, siempre con la tos y los mismos esputos, con
un desgano creciente y una amarillez en su semblante más pronunciado, pequeños
desvaríos y delirios que borraban la poca lucidez que quedaba en aquel
indefenso hombre, sumándole además la repugnancia para tomar los medicamentos y
aún los alimentos. Las esperanzas cada vez se alejaban y la muerte cada vez era
inminente.
Era ya 10 de Diciembre
y el paciente permanecía estable, aunque caminaba, solo se desplazaba de la
cama a la hamaca y de esta a la cama, al campo solo salía cuando le ayudaban,
para tomar algo de aire puro; pero sus síntomas siempre eran los mismo, su tos,
sus desvelos y su semblante cada día se acentuaban más y aunque este era un
hombre de fuerza y de coraje, REVEREND y el séquito de ayudantes sabían que
pronto el mal le ganaría la batalla.
Montilla, que era quien
se había encargado de conseguir un médico para su gran amigo, muy preocupado
por la suerte de este, habló con el Dr., y le pidió que, sin rodeos, le diera
de manera franca el concepto de la enfermedad que se había apoderado de este
gran hombre. El Dr., se recogió un poco por tan inesperada pregunta y en un
momento le contestó : " Señor, con el más profundo sentimiento participo a
usted que la enfermedad de este hombre no tiene remedio, pues en mi concepto,
como facultativo, la considero como Tisis Pulmonar llegada en último grado y
esta no perdona! " al oír estas palabras, Montilla se dio un golpe en la
frente y exclamo un fuerte grito al tiempo que las lágrimas se mostraban en sus
ojos.
En consecuencia,
Montilla quiso que su amigo conociera la gravedad de su estado para que pusiera
en orden sus cosas Espirituales y materiales ahora que estaba a tiempo, ahora
que aún le quedaba vida. Fue así como lograron traer al Señor Obispo y de paso
al Doctor Esteves, Notario del pueblo para que iniciaran los arreglos.
El ilustre prelado se
puso primero en contacto con la parte espiritual y seguidamente el señor Notario para adelantar
el Testamento. Una vez terminado todo lo requerido, todos entraron a la
habitación del enfermo y este les esperaba algo serio y a la sazón les dijo
"que es esto, estaré tan malo para que me hablen de testamento o de
confesarme?" después de todas las explicaciones del caso y tratando de no
hacerle creer lo que pronto iba a ser cierto, lo acompañaron por unos momento
...
El Testamento se leyó y
fue, según se pudo ver por el ánimo y las lágrimas de los presentes, un
acontecimiento que marcaría y cambiaría la vida de los presentes en ese
memorable momento. En él, se daba habida cuenta de que el enfermo entendía que
estaba en su lecho de muerte y que como lo dijo momentos antes, ya no habría
nadie que lo sacara de su laberinto.
Era 17 de diciembre y
la noche anterior fue, para el pobre moribundo, tal vez una de las peores de su
vida, su enfemedad se había vuelto cada vez más
exasperante, los últimos 5 días habían sido fatales con calor en la
cabeza y los extremos fríos, orinas involuntarias y esta vez con tintes de
sangre, respiración más trabajosa... ya a las 8 de la mañana de ese 17 de
diciembre todos los síntomas estaban llegando al último grado de intensidad ;
el pulso en el mayor decaimiento; el facies está más hipocrático que nunca; en
fin, la muerte está próxima.
Desde las ocho, hasta
la una de la tarde en que falleció, los síntomas mostrados hicieron que todos
estuvieran preparados para el inevitable momento.
Nadie se atrevía a
vestir el cadáver de quien una vez fue su amigo. Fue ALEJANDRO PRÓSPERO
REVEREND, quien en un aliento más, dejó sus
labores de galeno para desarrollar esa última y triste función. Tomó, de
la ropa que habían traído, la camisa y al intentar ponérsela advirtió que esta
estaba rota; no pudo contener el despecho y tirando de esta exclamó
"BOLÍVAR, AUN CADA VER, NO VISTE ROPA RASGADA, SI NO HAY OTRA, VOY A
BUSCAR UNA DE LAS MIAS!!" ... entonces fue cuando trajeron una camisa del
General Laureano Silva que vivía en la misma casa.
Fue el 17 de Diciembre
de 1830 a la una de la tarde, cuando falleció de muerte natural el Excmo. Sr.
Libertador de Colombia y América SIMON BOLÍVAR, en medio de varios amigos suyos
y antiguos compañeros de sus glorias, cerrando sus ojos para siempre en la
quinta llamada de San Pedro, distante a
una legua de la ciudad de Santa Marta, Colombia.
Willian
Correa 98
Documentado
del libro "DIARIO SOBRE
LA
ENFERMEDAD QUE PADECE
S. E. EL
LIBERTADOR"
Dr. Prospero
Reverend

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